Plácido Zuloaga

Placido Zuloaga y Zuloaga  nace en Madrid el día 5 de octubre de 1834 y es bautizado en la Parroquia de Guardias de Corp, conforme al rango de Teniente Armero Mayor que ostentaba su padre Eusebio.

Adquiere su educación primaria en la calle de La Luna, de Madrid, bajo la dirección de Froilan Labra que sería su primer educador.

Buen dibujante y escultor, es enviado por su padre a París con Paul Liènard; allí se encuentra cuando los obreros franceses organizan una marcha de protesta que ocupa la Asamblea Nacional, reunida en sesión; derriban al gobierno y constituyen una provisional; la revolución de 1848. La armería del maestro Lepage, donde se encuentra Plácido, fue asaltada y los revolucionarios forzaron a alistarse en el ejército de las barricadas a los que allí trabajaban. Con sus catorce años, Plácido fue obligado a ponerse insignias rojas, pero logra escapar. Emprendió a pie el camino de España. En Florón, el cónsul de España antiguo amigo de Eusebio Zuloaga, le presta ayuda y logra pasar la frontera. Se instala en Madrid, pero por poco tiempo.

En Dresde estudia el damasquinado de las armaduras antiguas. Trabaja con Bayre y con Carpeaux. Tal es la valía del hijo que cuando se establece en Eibar, para continuar la fabricación que Eusebio comenzara, consigue mejorarla. Sabe que Plácido tiene tras sí una amplia experiencia y un magnifíco futuro. Por fechado en Madrid el dia 6 de Enero 1867, ante Sebastián Carbonel, Notario del Ilustre Colegio de Madrid, nombra a su hijo para que “administre, rija y gobierne la fábrica de armas que tengo en Eibar, y a cuyo frente se halla mi hijo Plácido”.

Recibe encargos de la Real Casa, como los dos espejos “artísticamente enriquecidos” que tanto gustarían a S.M que le encomienda el mismo día de su entrega (11 de abril de 1860) la realización de dos marcos de “fierro de rara forma, ricamente adornados de damasquinado de oro y plata”; dos lunas mandadas construir en París por S.M para “poner ricos grabados con armas Reales y fileteados”; también dos estuches de pino damasquinados.

Entre sus muchas obras se recuerda la escribanía que le encargo Isabel II; el jarrón estilo persa que regalo S.M el Rey Alfonso XII al Rey de Portugal; el complicado y monumental reloj con maquinaria de Lodosa, construido bajo su dirección y que estuvo depositado en el Museo de Artes Decorativas de Madrid en la calle Sacramento. Otros importante reloj de Plácido se conserva hoy en Zumaya: firmado “Don Plácid Zuloaga, Escultor y damasquinador en Eibar y en Madrid año 1865, A.S.M.I. Napoleón III, Empereur des Français Marie Christine de Borbón, 1865”.

A la muerte del General Prim y Prat, conde de Reus, Marqués de los castillejos, asesinado en la calle del turco de Madrid en 1870, se le encarga a Plácido Zuloaga y Zuloaga su mausoleo. Obra grandiosa del damasquinado. En su parte delantera está la inscripción que dice “PRIM” en letras recortadas y sobre un relieve, tipo escudo, en hierro repujado. La bandeja, en cuyo centro está la inscripción, es de hierro repujado, damasquinado en oro y verde, y también en plata. Las cuatro letras que forman el nombre tienen bordes de plata y en el centro oro. El monumento, en su cuatro costados, se ve adornado por pilares rematados en ánforas. Las columnas están damasquinadas en oro y plata. La base está damasquinada con cruz de plata y oro. En un lazo se dice: HONOR, VALOR, LEALTAD. Debajo hay condecoraciones que obtuvo el General Prim. Toda una auténtica obra de arte.

Otra magnífica obra del damasquinado es el Altar de Loyola, emplazado el Altar en el aposento contiguo al de la Conversión de San Ignacio. Sobre la mesa del Altar hay un juego de siete piezas, todas ellas también damasquinadas; seis candelabros y un crucifijo. Hay otras piezas damasquinadas en la casa de Loyola, fuera de este Altar. Una preciosa “ teca” que contiene la reliquia más insigne de Loyola, trozos del cráneo de San Ignacio. También una copa de Cáliz, cuya Patena también es damasquinada.

La biografía de Plácido no se agota con la mención de sus obras, como apuntan Juan San Martín, Ramiro Larrañaga y pedro Celaya en su obra El Damasquinado de Eibar de donde hemos entresacado algunas de las antecedentes notas, ni con sus iniciativas técnicas que han llegado hasta nosotros gracias a esa escuela que creara allá en Eibar.

Plácido Zuloaga evolucionó la técnica del damasquinado. Su padre Eusebio, lo aprendió y trabajó con el primitivo método de la “punceta”. Plácido el “ estriado a cuchilla” con recursos de mayor perfección. Dio un verdadero impulso revolucionador al damasquinado. Introduce estas aplicaciones Artísticas, que hasta él sólo se efectuaba en armas blancas y de fuego, a innumerables objetos de adorno, no sólo personal sino también doméstico; jarrones ánforas, escribanías etc…

Casó Plácido Zuloaga con Catalina Josefa Lucía Zamora y Zabaleta, natural de Pau, en Francia, hija del capitán Zamora y de Luisa Zabaleta. Tuvieron diez hijos, de los que sólo sobrevivieron cinco, que tomarían por segundo apellido el de Zabaleta: Eusebio, Cándida, Ignacio, el  insigne pintor,  Teresa y Dolores.

Casó en segundas nupcias con Francisca Gil y Lete, de la que no tuvo descendencia.

Fallece en Madrid a las cuatro y media de la tarde del día 10 de julio de 1910, en el hotel “La Umbría”.  Había vivido sesenta y seis años, dedicando a su arte toda su vida.

Exposiciones

Medalla de Honor en la Exposición Universal de París, 1855

Exposición de Madrid, 1856.

Exposición Internacional de Bruselas 1856.

Exposición Internacional de Londres, 1862.

Condecoraciones

Comendador de la Orden de Isabel la Católica.

Caballero Gran Cruz de Carlos III.

Oficial de la Legión de Honor de Francia.

Caballero Gran Cruz de León y Espada de Suecia.

Cruz del Rey Leopoldo de Bélgica.

Gran Cruz de Santiago, de Portugal.

Caballero de la Orden de María Teresa de Austria.

Fuente:  “Los Zuloaga.  Dinastía de artistas vascos”. San Sebastián,  1988. Margarita Zabala.